jueves, 29 de marzo de 2012

LA REINA MARGOT ( XIX )



LA REBELDE MARGOT, CONDESA DE AGEN


Margot exige las llaves de la ciudad y de su ciudadela, suprime las franquicias municipales y transforma su capital en plaza fuerte. Se declara abiertamente miembro de la Santa Liga católica, ya no considera a su marido un rey y lo llama con desprecio “el príncipe de Béarn”. Ella misma rechaza su título de reina de Navarra y firma sus órdenes con el nombre de Margarita de Francia. Mantiene numerosas entrevistas con el duque de Guisa, la Liga y Felipe II de España. La condesa de Agen recluta mil doscientos hombres y Robert de Lignerac, teniente general de la alta Auvernia, le lleva un pequeño cuerpo de caballería originario del Quercy.

Margot se entera de que el mariscal de Matignon, lugarteniente general del rey de Francia en la Guyena, se dispone a atacarla. El señor de Lignerac recibe el mando de los soldados de Agen y toma como ayudante al conde de Duras. Ambos llevan a cabo operaciones contra las ciudades vecinas dominadas por las tropas del rey de Navarra, pues los esposos ahora se hacen la guerra. Tonneins es ocupada y Margot deja allí una guarnición que Enrique de Navarra, tras sitiar la ciudad, despedaza. Lo mismo sucede en Villeneuve. La reina madre está horrorizada por la conducta sediciosa de su hija: “ Veo que Dios me ha dejado esta criatura para castigar mis pecados, dadas las aflicciones que todos los días me causa. Es mi azote en este mundo …”.



Enrique de Guisa, llamado el Acuchillado



Pero hacer la guerra cuesta mucho dinero. El duque de Guisa le había pedido al rey de España, para su antigua amante – convertida en su aliada-, una ayuda de cincuenta mil escudos, pero aún no ha llegado nada del otro lado de los Pirineos. Entonces, la condesa de Agen requisa, expropia y saquea las casas de los hugonotes, aunque eso, evidentemente, no cubre sus necesidades. Margot remedia la penuria del condado creando nuevos impuestos. Los mercenarios de la guarnición están muy mal pagados. Constituyen auténticas hordas que asolan la provincia y cometen todos los atropellos posibles. Tres soldados violan a una mujer ante los ojos de su marido. En esta ocasión, la condesa ordena que se imponga un castigo ejemplar: se decapita a los tres soldadotes y sus cabezas son expuestas en la puerta del Pin.

Pero el descontento es general. La revuelta ruge. Para terminarlo de arreglar, la escasez es cada vez mayor, y la población empieza a segar el trigo antes de que madure. Y, como toque final del cuadro, la peste hace su aparición. En Agen se lamenta la muerte de entre mil quinientas y mil ochocientas víctimas. La plaga se extiende a pesar de las numerosas plegarias y peregrinajes y la celebración de misas solemnes.

Lance imprevisto. Enrique III se ve obligado a firmar la paz con la Liga, que ya había ocupado varias ciudades reales. Se trata de la paz de Nemours, anunciada a son de trompeta en las calles de Agen el 23 de julio de 1585. Margot no puede por menos de asistir, muy en contra de su voluntad, a un Te Deum. Esta paz no resuelve en absoluto la guerra entre el rey y la reina de Navarra. Ésta no se encuentra nada abatida por la adversidad. Tiene a dos reyes contra ella – su hermano y su marido- pero no por ello se desanima. El conflicto prosigue.



El descontento de los habitantes del Agenais está a punto de transformarse en auténtico odio hacia su condesa, fomentado por el hecho de que Margot se dispone a fortificar Agen todavía más. Decide levantar defensas y aislar la ciudadela mediante fosos. Una cincuentena de casas son derribadas y la condesa no puede indemnizar a los propietarios, que han recibido la orden de transformar ellos mismos su vivienda en un montón de piedras …, material del que los demás vecinos se apoderan sin miramientos.

Numerosos soldados desertan porque no reciben su paga. Los habitantes empiezan a sublevarse contra su condesa, pero rebelarse contra una hija de Francia, hermana y esposa de reyes, es una actitud que merece reflexión. Así pues, primero toman la precaución de enviar a unos emisarios – a escondidas de Margot, por supuesto- ante el mariscal de Matignon. Éste los recibe tanto más gustosamente cuanto que está llegando a un acuerdo con Enrique de Navarra para hacer entrar en razón a la rebelde esposa … Es decir, para hacerla prisionera. En los Archivos municipales todavía puede leerse el poder otorgado a los habitantes de Agen a fin de liberar su ciudad y no seguir obedeciendo a su condesa.


Fuentes:
CASTELOT, ANDRÉ. La Reina Margot. Ediciones Martínez Roca,S.A. 1994
http://www.flickriver.com/photos/thelostgallery/5645171386/