Retrato de Catalina de Aragón por Mark Satchwill
LOS AÑOS FELICES
Sir John Russell recordaba a Catalina al llegar a reina como una mujer a la que no era fácil de igualar en belleza. Era pequeña, elegante y delicada, con los movimientos gráciles y rítmicos de una bailarina. Los embajadores opinaron que era encantadora, la corte fue de la misma opinión y Enrique la encontró más encantadora que nadie. Los esposos estaban enamorados el uno del otro como prueban las cartas que se escribieron poco después.
Enrique en respuesta a las felicitaciones y agradecimientos de su recién estrenado suegro, le escribió una larga misiva en que, gozosamente, se vanagloriaba de su amor por ella, pasando al tiempo revista a todas las virtudes que en su esposa veía. Había "rechazado a todas las damas del mundo" que le habían sido ofrecidas para casarse con Catalina y no se arrepentía. Sus "eminentes virtudes brillan, afloran y aumentan cada día". Tras seis semanas de matrimonio podía aseverar que, en caso de tener que elegir de nuevo, la escogería "a ella por esposa antes que a todas las demás". A Enrique le gustaba decir a la gente que amaba de verdad a la mujer con la que se había casado.
El rey regaló a su esposa el misal que había pertenecido a su madre Isabel de York, con rosas blancas y otros emblemas yorkistas en él, y en el que escribió una dedicatoria a su amada reina: "If your rememberance of me be through my affection, then I shall not be forgotten in your daily prayers, for I am yours, Henry R., forever". Catalina le respondió escribiendo en el misal: "By daily reverence you shall find me to be both loving and kind" (Por diaria adoración, me encontraréis amorosa y amable) .
Enrique en respuesta a las felicitaciones y agradecimientos de su recién estrenado suegro, le escribió una larga misiva en que, gozosamente, se vanagloriaba de su amor por ella, pasando al tiempo revista a todas las virtudes que en su esposa veía. Había "rechazado a todas las damas del mundo" que le habían sido ofrecidas para casarse con Catalina y no se arrepentía. Sus "eminentes virtudes brillan, afloran y aumentan cada día". Tras seis semanas de matrimonio podía aseverar que, en caso de tener que elegir de nuevo, la escogería "a ella por esposa antes que a todas las demás". A Enrique le gustaba decir a la gente que amaba de verdad a la mujer con la que se había casado.
El rey regaló a su esposa el misal que había pertenecido a su madre Isabel de York, con rosas blancas y otros emblemas yorkistas en él, y en el que escribió una dedicatoria a su amada reina: "If your rememberance of me be through my affection, then I shall not be forgotten in your daily prayers, for I am yours, Henry R., forever". Catalina le respondió escribiendo en el misal: "By daily reverence you shall find me to be both loving and kind" (Por diaria adoración, me encontraréis amorosa y amable) .

En cuanto a Catalina, los autores ingleses hablan de su adoración por su esposo, el joven rey, alto y atlético. Y no era para menos: medía 1'88 metros y su tórax medía un metro de circunferencia, su cintura era de 89 centímetros, tenía buena voz, era alegre, bailarín incansable, componía música y conocía el latín. Para dirigirse a él empleaba fórmulas diversas: "Vuestra Gracia", "esposo mío" o incluso "Enrique mío".
Poco después de su boda, el confesor de Catalina dijo de ella que se encontraba en "la mayor alegría y contento que jamás hayan existido". Lo único que faltaba para completar la felicidad de la real pareja y asegurar la sucesión, era un hijo. Enrique VIII la llamaría "mujer de suma dulzura, de suma humildad y afabilidad", a la vez que un enviado flamenco la consideró "dama de natural animado, bondadoso y gracioso", "siempre tenía una sonrisa en el semblante", incluso en la adversidad.
La felicidad de Catalina se deja entrever en sus cartas posteriores a la boda. Adoraba a su enérgico, caballeresco y joven marido y seguía reverenciando a un padre que le había permitido "casarse tan bien". En cuanto a su esposo, "entre las razones que me obligan a quererlo más que a mí misma, la más fuerte, aunque es mi marido, es que sea un hijo tan fiel de su alteza", decía a Fernando de Aragón, "con un deseo de mayor obediencia y amor para serviros del que nunca haya tenido un hijo para con su padre".
Poco después de su boda, el confesor de Catalina dijo de ella que se encontraba en "la mayor alegría y contento que jamás hayan existido". Lo único que faltaba para completar la felicidad de la real pareja y asegurar la sucesión, era un hijo. Enrique VIII la llamaría "mujer de suma dulzura, de suma humildad y afabilidad", a la vez que un enviado flamenco la consideró "dama de natural animado, bondadoso y gracioso", "siempre tenía una sonrisa en el semblante", incluso en la adversidad.
La felicidad de Catalina se deja entrever en sus cartas posteriores a la boda. Adoraba a su enérgico, caballeresco y joven marido y seguía reverenciando a un padre que le había permitido "casarse tan bien". En cuanto a su esposo, "entre las razones que me obligan a quererlo más que a mí misma, la más fuerte, aunque es mi marido, es que sea un hijo tan fiel de su alteza", decía a Fernando de Aragón, "con un deseo de mayor obediencia y amor para serviros del que nunca haya tenido un hijo para con su padre".

Los emblemas personales de Catalina, de la granada - que se refería no sólo a su crianza en Granada, sino que era también un símbolo de la fertilidad -, y el haz de flechas, pronto se vieron por doquier en los palacios reales, entrelazadas con las rosas, las coronas y los rastrillos de los Tudor. El lema que adoptó como reina de Inglaterra fue "Humble and Loyal" (Humilde y leal).
Las divisas de Catalina también adornaban muchas de las joyas de su inmensa colección, entre las que estaban las joyas oficiales que iban pasando de una reina consorte inglesa a otra. Incluso, algunas tenían fama de poseer poderes sobrenaturales, como un anillo del que se decía que podía curar las convulsiones. Catalina solía vestir con un broche que incluía el símbolo de la fruta de la granada.

En el escudo de Catalina de Aragón como reina consorte de Inglaterra se observa en la parte derecha, las armas de los Reyes Católicos ( castillos, leones rampantes, barras y una granada, que representan a los reinos de Castilla, León, la corona de Aragón y Granada ). En la parte izquierda, las armas de Enrique VIII ( tres leones pasantes sobre un fondo rojo del escudo de Inglaterra y tres flores de lis sobre un fondo azul del escudo de Francia, como reivindicación del trono francés). Como adornos exteriores vemos las figuras de un león rampante en oro coronado con la corona de San Eduardo y el águila de San Juan, adoptada de la heráldica de los Reyes Católicos, sosteniendo el escudo.
Las divisas de Catalina también adornaban muchas de las joyas de su inmensa colección, entre las que estaban las joyas oficiales que iban pasando de una reina consorte inglesa a otra. Incluso, algunas tenían fama de poseer poderes sobrenaturales, como un anillo del que se decía que podía curar las convulsiones. Catalina solía vestir con un broche que incluía el símbolo de la fruta de la granada.

En el escudo de Catalina de Aragón como reina consorte de Inglaterra se observa en la parte derecha, las armas de los Reyes Católicos ( castillos, leones rampantes, barras y una granada, que representan a los reinos de Castilla, León, la corona de Aragón y Granada ). En la parte izquierda, las armas de Enrique VIII ( tres leones pasantes sobre un fondo rojo del escudo de Inglaterra y tres flores de lis sobre un fondo azul del escudo de Francia, como reivindicación del trono francés). Como adornos exteriores vemos las figuras de un león rampante en oro coronado con la corona de San Eduardo y el águila de San Juan, adoptada de la heráldica de los Reyes Católicos, sosteniendo el escudo.

Era de acuerdo con la costumbre, que el rey y la reina vivieran en dos casas paralelas con sus propios servidores. Por esta razón la presencia de la reina fue muy bien recibida después de un intervalo de más de seis años, ya que aumentaba sustancialmente la cantidad de puestos disponibles en la corte. Al casarse, Enrique asignó ciento sesenta personas para que a su esposa no le faltara ni un detalle, ni un lujo, ni un servicio. La mayoría eran mujeres, y sólo ocho eran damas de honor de la reina. Muchas de las damas de Catalina iban y venían. Unas se casaban, otras pasaban al servicio de otras reinas o de otras damas de alta alcurnia. Sería interminable mencionar a todas y cada una de las damas que sirvieron a Catalina de Aragón durante su reinado. Lo que sí podemos decir es que fue la esposa de Enrique VIII con menor número de damas de honor.
Había sólo ocho españoles en la casa de la reina, entre ellos su secretario Juan de Cuero, sus damas de honor María de Salinas e Inés de Venegas, su apotecario y sus médicos, el humanista Fernando Vitoria y Miguel de la Sá. La mayoría de sus sirvientes españoles ya habían vuelto a España. Dos ingleses devotos, el padre William Forrest y el observante John Forest, estaban entre los capellanes de Catalina. Su confesor desde 1508 era el franciscano castellano fray Diego Fernández. Entre los sirvientes masculinos más importantes estaba Robert Poyntz, que con los años sería ascendido a canciller de la reina; todo lo que sucedía alrededor de Catalina pasaba por sus manos. El primer Lord Chambelán de la reina era el venerable conde de Ormonde, pero en mayo de 1512 su puesto fue ocupado por Lord Mountjoy.
Había sólo ocho españoles en la casa de la reina, entre ellos su secretario Juan de Cuero, sus damas de honor María de Salinas e Inés de Venegas, su apotecario y sus médicos, el humanista Fernando Vitoria y Miguel de la Sá. La mayoría de sus sirvientes españoles ya habían vuelto a España. Dos ingleses devotos, el padre William Forrest y el observante John Forest, estaban entre los capellanes de Catalina. Su confesor desde 1508 era el franciscano castellano fray Diego Fernández. Entre los sirvientes masculinos más importantes estaba Robert Poyntz, que con los años sería ascendido a canciller de la reina; todo lo que sucedía alrededor de Catalina pasaba por sus manos. El primer Lord Chambelán de la reina era el venerable conde de Ormonde, pero en mayo de 1512 su puesto fue ocupado por Lord Mountjoy.
A la reina le encantaban las joyas, los vestidos elegantes, los colores fuertes y llamativos y que todo a su alrededor armonizara con tales inclinaciones. Sus damas las más guapas y las mejor vestidas, sus estancias y tapices los más espléndidos, su servicio el más pulcro y organizado. Catalina exigía mucho a su casa pero era amable y todas las personas que la servían acababan teniéndole mucho cariño. Fue ella quien introdujo en Inglaterra el verdugado español, que eran unas enaguas a las que una serie de aros de caña, ballena o acero daban rigidez. Esta prenda se llevaba debajo del vestido y las sayas y estuvo de moda durante todo el siglo XVI.
Solía peinarse de forma sencilla, dejando caer unos mechones de su pelo sobre los hombros, una provocación que le estaba permitida, pues las mujeres casadas debían ir siempre con el pelo recogido y sólo las solteras y las reinas podían dejar que su melena se posara sobre los hombros. Otras veces, en días de invierno o frío, se cubría la cabeza con un gorro veneciano.
Solía peinarse de forma sencilla, dejando caer unos mechones de su pelo sobre los hombros, una provocación que le estaba permitida, pues las mujeres casadas debían ir siempre con el pelo recogido y sólo las solteras y las reinas podían dejar que su melena se posara sobre los hombros. Otras veces, en días de invierno o frío, se cubría la cabeza con un gorro veneciano.

Catalina cumplía su función civilizadora en la vida social de la corte, suprimiendo lo vulgar y lo soez. Inculcó unos modales férreos y elegantes que, por lo menos delante de ella, debían ser cumplidos. Así, no podían beberse muchas copas de vino en su presencia y los ademanes en los bailes debían ser divertidos, sin rayar en la indecencia. El galanteo podía existir, e incluso existía, pero siempre respetando la cortesía y la buena educación. Esperaba que sus damas se comportaran tan decorosamente como ella, prohibía todas las diversiones vanas en su casa y daba entrada en su círculo a miembros de la antigua nobleza, que aportaban un contrapeso a los briosos jóvenes que rodeaban al rey.
En esos años de la vida de Catalina de Aragón nos encontramos ante una mujer alegre, simpática y amiga de los lujos y de las diversiones, participaba en las fiestas y torneos que se celebraban, casi semanalmente, en la corte. La reina amaba la música y el baile tanto como Enrique y su destreza en ambos era tan notable como la de él. A menudo bailaba con sus damas en la intimidad de su cámara, pero en estos primeros años con frecuencia estaba embarazada, por lo que la pareja habitual de Enrique era su hermana María. En una de sus cartas escribió a su padre: "Aquí las noticias son que estos reinos de Su Alteza, gozan de gran paz y abrigan gran amor al Rey, mi señor, y a mí. Nuestra existencia es una fiesta continua ". Enrique VIII y Catalina de Aragón llevaron un aire fresco, juventud y diversión, a los palacios de Londres.
Fuentes:
Alison Weir, Enrique VIII, el rey y la corte. 2003 Editorial Ariel S.A. Garrett Mattingly, Catalina de Aragon. 1998 Ediciones Palabra, S.A.
Antonia Fraser, Las seis esposas de Enrique VIII.1998 Ediciones B Argentina, S.A.
Vicenta Marquez de la Plata, El trágico destino de los hijos de los Reyes Católicos. 2008 Santillana Ediciones Generales, S.L
Luis Ulargui, Catalina de Aragón. 2004 Random House Mondadori S.A.
Giles Tremlett, Catalina de Aragón, reina de Inglaterra. 2012 Editorial Crítica S.L.
http://es.wikipedia.org/wiki/Catalina_de_Arag%C3%B3n
http://queryblog.tudorhistory.org/2009/02/question-from-chloe-catherine-of.html
En esos años de la vida de Catalina de Aragón nos encontramos ante una mujer alegre, simpática y amiga de los lujos y de las diversiones, participaba en las fiestas y torneos que se celebraban, casi semanalmente, en la corte. La reina amaba la música y el baile tanto como Enrique y su destreza en ambos era tan notable como la de él. A menudo bailaba con sus damas en la intimidad de su cámara, pero en estos primeros años con frecuencia estaba embarazada, por lo que la pareja habitual de Enrique era su hermana María. En una de sus cartas escribió a su padre: "Aquí las noticias son que estos reinos de Su Alteza, gozan de gran paz y abrigan gran amor al Rey, mi señor, y a mí. Nuestra existencia es una fiesta continua ". Enrique VIII y Catalina de Aragón llevaron un aire fresco, juventud y diversión, a los palacios de Londres.
Fuentes:
Alison Weir, Enrique VIII, el rey y la corte. 2003 Editorial Ariel S.A. Garrett Mattingly, Catalina de Aragon. 1998 Ediciones Palabra, S.A.
Antonia Fraser, Las seis esposas de Enrique VIII.1998 Ediciones B Argentina, S.A.
Vicenta Marquez de la Plata, El trágico destino de los hijos de los Reyes Católicos. 2008 Santillana Ediciones Generales, S.L
Luis Ulargui, Catalina de Aragón. 2004 Random House Mondadori S.A.
Giles Tremlett, Catalina de Aragón, reina de Inglaterra. 2012 Editorial Crítica S.L.
http://es.wikipedia.org/wiki/Catalina_de_Arag%C3%B3n
http://queryblog.tudorhistory.org/2009/02/question-from-chloe-catherine-of.html


7 comentarios:
Mi comentario no es sobre el post en sí, sino sobre la bibliografía. Me ha llamado la atención este libro que citas:
Vicenta Marquez de la Plata, El trágico destino de los hijos de los Reyes Católicos
2008 Santillana Ediciones Generales, S.L
¿Qué tal está?
Un saludo.
Mujer de fuerte carácter y mala suerte en la vida. Aún así supo doblegarse ante la adversidad de una manera noble y con gran integridad.
Un besito
Condesa, el libro que citas me ha gustado bastante, te ayuda a entender mejor la vida de estos personajes. No es una gran biografía de infinitas páginas pero si ofrece un resumen detallado de los hijos de los reyes Católicos por ejemplo ofrece un ineresante retrato de María de Aragón la infanta más desconocida de todos y la única que llevó una existencia feliz.
Un beso
carmen bejar, coincido en tus apreciaciones. Por eso esta mujer es uno de mis personajes favoritos.
feliz semana
Un beso
Magnolia, gracias, miraré en la biblioteca y ojearé el libro.
Pòr cierto, tienes un premio en mi blog.
Un saludo
Pero que gran trabajo hizo esta gran mujer en Inglaterra, para "culturizar" la Corte y que fuera reconocida en todas partes. Una pena que Enrique finalmente le pagara tan mal sus años de fiel esposa
Un saludito ;-)
Madame, hay algo para usted en mi blog. Espero que resulte de su agrado.
Feliz domingo
Bisous
Gracias madame, ya me he pasado a recogerlo. ¡ muchas gracias! ;-)
Maria Tudor, que se puede decir más que no hayamos dicho de esta gran mujer. Una mujer sumamente instruida y de clara inteligencia, recibió en la corte española una esmerada y cuidada educación propia de príncipes herederos varones. Llevó a Inglaterra el renacimiento, protegió y amparó grandes humanistas, concedió becas a estudiantes pobres, fundó cátedras en las universidades, su caridad hacia los pobres fue muy generosa, creó una industria de bordados y encajes etc... Enrique era un pelele que no se mereció tener a esta gran mujer.
Muchos besos
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